JIM MORRISON: EL POETA…

Los genios del calibre de Morrison pasan por el mundo y definitivamente dejan su huella, tarde o temprano. En su caso fue una marca gigantesca que abarcó la música, la escritura (editó más de un libro), la provocación inteligente y la libertad, quizás el término que mejor lo define. Tanto en la gran mayoría de las canciones de The Doors como en sus libros de poesía, Morrison sacó provecho de todas sus influencias literarias y siempre plasmó todo ese universo poético de una manera descomunal y desgarradora.

La muerte fue uno de los temas más tocados por su fina pluma, un asunto que desde chico lo enloqueció y al cual le dedicó buena parte de su carrera artística: "La muerte hace ángeles de todos nosotros y nos da alas donde teníamos hombros, suaves como garras de cuervo", escribió a fines de los dorados años sesenta.

También se obsesionó con cuestiones como la locura, el caos, el sexo, la noche, el amor, las drogas, la política, la religión, la naturaleza y las relaciones humanas, entre muchas otras cosas. "Me interesa todo aquello que tenga que ver con las revueltas, el desorden, el caos. Especialmente las actividades que parecen no tener sentido".

Muchos no lo comprendieron. Le censuraron letras de canciones, le prohibieron poemas y poesías y lo llevaron lentamente al peor de los ostracismos y al más cruel de los olvidos. Las mentes brillantes son "peligrosas" y lo más conveniente para los que se ven amenazados por ellas es hacerlas desaparecer, como hicieron por ejemplo con Oscar Wilde en la hipócrita Inglaterra victoriana muchos años atrás. "Prohibido prohibir, la libertad comienza por una prohibición… Yo siempre seré un hombre de palabras", escribió Jim en 1969.

Complicados juicios, futuras condenas y una posible vida tras las rejas. Morrison se había hartado del asqueroso mundo comercial de la música y cuando arrancaba la dura década del setenta, abandonó la banda y se exilió en Francia, tal cual harían los Stones pocos meses después. "Camaradas: proscribamos los aplausos, el espectáculo está en todas partes."

El polifacético Jim Morrison fue un gran filósofo, un enorme poeta, un prolífico escritor y un excelente cantante, de los mejores y más especiales de la historia. Fue muchas cosas, también un niño inocente e inofensivo, por momentos inmaduro, de acuerdo a opiniones de su círculo íntimo. Un diablo y un demonio, un ángel, un santo. Y pudo haber sido muchas cosas más… "Yo podría ser un buen periodista. Creo que las entrevistas son la nueva forma del arte. La autoentrevista es la esencia de la creatividad. Hacerte preguntas a tí mismo y tratar de encontrar respuestas. Lo que hace un escritor es contestar una serie de preguntas que no han sido pronunciadas", expresó en pleno auge de su carrera. Se convirtió también en un fino e irónico observador social, atento a todo aquello que lo rodeaba: "Los jóvenes de hoy son como un papel en blanco y yo soy la tinta lista para escribir en ellos".

Kris Weintraub, dueño de un local llamado "Crawdaddy" donde Jim estuvo varias veces, contó una vez: "Se acercó al micrófono, tomó la parte superior con la mano derecha y alzó la vista hasta que el foco le iluminó la cara. El mundo empezó a rodar en ese instante". Ray Manzarek, su antiguo amigo de la vida, lo describió así: "Jim era simplemente un chamán electrizante".
En 1968, Morrison confesó: "Yo creo que hay un montón de regiones de imágenes y sentimientos que rara vez son demostrados diariamente al exterior. Cuando estos salen, pueden tomar formas perversas".
Vale la pena introducirse en el mundo de la poesía morrisoniana, contundente y sincera como pocas. Puede hacernos reflexionar sobre el duro arte del vivir. Y del morir… "Le toqué un muslo, y la muerte sonrió".

Angels and Sailors

(poesia de Jim Morrison)

Ángeles y marineros
chicas ricas
vallas de jardines
tiendas de campaña.

Sueños mirándose el uno al otro, suaves y lujosos coches.

Chicas en garajes,
desnudas,
fuera para coger ropa y licor,
medio galón de vino y seis paquetes de cerveza.
Saltado, llevado a cuestas, nacido para sufrir, hecho para
desnudarse en el páramo salvaje.

Nunca te trataré mal.
Nunca empezaré ninguna clase de escena.
Te diré en cada lugar y en cada persona en los que he estado.

Siempre un instructor en el campo de juego, nunca un asesino.
Siempre una dama de honor al borde de la fama o sobre ella.
Manipuló a dos chicas para entra en su habitación del hotel.
Una, una amiga, la otra, la más joven, una nueva desoconcida.
Vagamente mejicana o puertorriqueña.

Pobres muslos de muchacho y

nalgas llenas de cicatrices del cinturón de su padre.
Ella intenta hablar.
Historias de su novio, de drogas, juegos adolescentes de muerte.
Chaval guapo, muerto en un coche.
Confusión.
Sin conexiones.
Ven aquí.
Te amo.
Paz en la tierra.
¿Morirás por mí?
Cómeme.
Este camino.
El fin.

Siempre te seré sincero.
Nunca saldré, ocultándote cosas, nena
Si solo me mostraras la Lejana Arden otra vez.
Me sorprende que la hayas podido despertar.
Él la azota ligeramente, irónicamente, con el cinturón.
¿No ha sido ya suficiente? Pregunta ella.
Ahora vestida y yéndose.
La chica española comienza a sangrar.
Dice que es su menstruación.
Esto es el cielo católico.

Tengo un antiguo crucifijo indio alrededor de mi cuello.
Mi pecho es fuerte y moreno.
Mentiras sobre sábanas, miserable, manchadas con una virgen sangrienta.
Podríamos planear un asesinato
O empezar una religión.

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